Lo silvestre como medicina del alma.

Autor: Nathan WalshBuscar y encontrar el bienestar personal y social conlleva duras batallas. Permanentemente nos topamos con la necesidad de sortear obstáculos internos y del afuera que sin darnos cuenta transitamos la vida sinsentidos y perdidos en la vorágine de una sociedad de consumo que nos aleja de nuestro propio ser.

Será nuestra responsabilidad como seres vivientes de este planeta reencontrarnos con lo natural, sumergirnos en lo que somos sin juzgar, sin pretender ni ambicionar; evitando caer en la envidia, el egoísmo y el individualismo a ultranza. Entender que formamos parte de este mundo al igual que las plantas, los animales, los ríos, las montañas; partiendo de la premisa que nuestro cuerpo funciona como todo lo demás que existe en la naturaleza y que somos ni más ni menos que una ocasión fortuita del universo.

El progreso se ha convertido en la nueva religión y los pueblos que lo dominan en los nuevos amos y señores. Vivimos atravesados por la idea de sentirnos dueños de la vida, sobreestimando lo creado por el hombre y menospreciando aquello que la naturaleza misma nos brinda.

Somos concientes que sin el reino vegetal no sería posible la existencia de los animales, incluidos los humanos. Sin embargo, en nuestro afán por controlarlo todo con la cultura del progreso, perdemos de vista la importancia suprema de la naturaleza. Tal como lo manifestó el filósofo estaunidense David Henry Thoureau por 1854, “la conservación del mundo radica en la naturaleza salvaje". Es en ella donde nuestros sentidos se despiertan y la esencia de lo humano se revela. En su libro Walden, Thoureau narra sus vivencias de los dos años que vivió en una cabaña construida por el mismo cercana al lago Walden, en pleno contacto con lo natural. Su intención fue demostrar que la verdadera vida del hombre es allí, en lo silvestre, donde nos podemos librar de los cánones y esclavitudes que la sociedad nos impone.

En este mundo atormentado, caótico, cada vez más se torna imprescindible retomar el contacto con lo silvestre, con lo natural, para aunque sea un rato entender que pertenecemos a algo más grande, más majestuoso, que no podemos gobernar ni con el desarrollo tecnológico ni científico. Somos parte de la naturaleza y es en contacto con ella donde nuestro ser más profundo aflora sin ninguna mediatización. La sorpresa aparece y los sentidos se profundizan siendo necesarios para sobrevivir. Aparecen procesos, reglas, recursos y cambios no gobernados por lo humano que nos regulan.

La medicina de lo silvestre no remite ni a buscar ni a encontrar, es sólo permitir que el milagro ocurra. Sin siquiera saber si sucederá, se trata de preparar la tierra para que lo sagrado allí presente se manifieste a nuestros sentidos y así la emoción de estar vivos y formar parte de algo supremo nos invada de serenidad y bienestar.

Autora: Andrea Sucari. Editoras: Natalia Francia y Andrea Cordone.