Lo Silvestre como Medicina.

Todos queremos ser felices. Todos buscamos un ideal que tenemos de salud. Cuando buscamos ya sabemos que queremos encontrar, como si fuera un reencuentro. Estamos atravesados por complejas enseñanzas que explican y ofrecen casi respuesta a todo. Sin embargo seguimos en la infelicidad de buscar algo que se nos perdió, se nos olvidó, se fué, nos abandonó, o lo perdimos, lo dejamos, nos equivocamos, etc. tantos son los vericuetos de la mente que no descansa en ofrecer versiones históricas de un mismo hecho.

Sin embargo percibimos que esos momentos de pequeñas felicidades se componen de ninguna de estas especulaciones. Una ráfaga que parece del mas allá, una atmósfera que no se puede explicar, un bienestar que no podemos encontrar si buscamos, solo aparece y nos envuelve maravillosamente. Bienestar.

Este estar bien no tiene que ver con la euforia ni la pasividad. Una ebullición tranquila, un estado de unidad que dura poco y pronto a romperse nos devuelve al caos de la duda, la depresión, el dolor y el placer como modos de una misma forma, como las dos caras de una moneda, como el día y la noche que nos sumerge en una existencia sin sentido.

Y luego, mas allá el gozo de estar vivos sin esperar ni buscar. Sumergirse en lo que somos sin juzgar sin pretender ni ambicionar. Parece casi imposible en una sociedad que nos educa en la medida, la cantidad, el egoísmo, la envidia casi permanente y el individualismo a ultranza.

Esta es la medicina de lo silvestre, no es volver ni buscar ni encontrar es permitir que suceda el milagro, sin saber si sucederá, es preparar la tierra para que lo sagrado que esta ahí se manifieste a nuestros sentidos y permanezca en la serenidad y emoción de estar vivos.