"La Naturaleza y el medio"

Extraído de "La Naturaleza y el medio", Jiddu Krishnamurti, Ed. Planeta - Biblioteca Krishnamurti, Buenos Aires, 1994. (páginas 13, 14 y 15). Imagen: Escultura de Bruno Torfs.

Poona, 17 de octubre de 1948

Interlocutor: ¿Cuál es el significado de la correcta relación con la naturaleza?

Krishnamurti: No sé si usted ha descubierto su relación con la naturaleza. No hay relación "correcta", sólo existe la comprensión de la relación. La relación correcta implica la mera aceptación de una fórmula, tal como ocurre con el pensamiento correcto. El pensamiento correcto y el recto pensar son dos cosas diferentes. El pensamiento correcto consiste en amoldarse meramente a lo que es correcto, a lo que es respetable, mientras que el recto pensar es movimiento; es producto de la comprensión, y la comprensión experimenta constantes modificaciones, cambios. De igual modo, hay una diferencia entre relación correcta y la acción que implica comprender nuestra relación con la naturaleza. ¿Cuál es su relación con la naturaleza (siendo la naturaleza los ríos, los árboles, los pájaros de rápido vuelo, el pez por el agua, los minerales bajo tierra, las cascadas y los estanques poco profundos)? ¿Cuál es su relación con todo ello? La mayoría de nosotros no es consciente de esa relación. Jamás miramos un árbol o, si lo hacemos, es con vistas a utilizar ese árbol, ya sea para sentarnos a su sombra o con el fin de cortarlo para obtener madera. En otras palabras, miramos los árboles con propósitos utilitarios; jamás miramos un árbol sin proyectarnos nosotros mismos y sin utilizarlo para nuestra propia conveniencia. Del mismo modo tratamos a la tierra y sus productos. No hay amor por la tierra, sólo hay utilización de la tierra. Si amáramos realmente a la tierra, habría frugalidad en el uso de las cosas que la tierra produce. O sea, que si comprendiéramos nuestra relación con la tierra, seríamos muy cuidadosos en el uso que hacemos de las cosas de la tierra. Comprender nuestra relación con la naturaleza es tan difícil como comprender la relación con nuestro vecino, con nuestra esposa y nuestros hijos.

Pero no hemos concedido a ello ni un solo pensamiento, jamás nos hemos sentado a contemplar las estrellas, la Luna o los árboles. Estamos demasiado ocupados con las actividades sociales o políticas. Obviamente, estas actividades son formas de escapar de nosotros mismos. Siempre estamos usando a la naturaleza, ya sea como escape o con propósitos utilitarios; jamás nos detenemos a amar a la tierra y a las cosas de la tierra. Jamás disfrutamos los espléndidos campos, aunque los utilizamos para alimentarnos y vestirnos. Jamás nos gusta labrar la tierra con nuestras manos, nos avergüenza trabajar con nuestras manos. Ocurre algo estraordinario cuando uno trabaja la tierra con las manos. Pero ese trabajo es realizado solamente por las castas inferiores; ¡nosotros, las clases superiores, somos aparentemente demasiado importantes para utilizar nuestras manos! De ese modo, hemos perdido nuestra relación con la naturaleza.

Una vez que comprendamos esa relación, su verdadero significado, no dividiremos la propiedad en "suya" y "mía"; aunque uno pueda poseer un pedazo de tierra y construir en él una casa, ésta no sería "mía" o "suya" en el sentido exclusivo; sería, más bien, un medio para obtener albergue. A causa de que no amamos la tierra y a las cosas de la tierra, sino que meramente las utilizamos, somos insensibles a la belleza de una cascada, hemos perdido el contacto con la vida, hamás nos sentamos con la espalda apoyada contra el tronco de un árbol. Y puesto que no amamos a la naturaleza, no sabemos cómo amar a los seres humanos y a los animales. Bajen por la calle y observen cómo tratan a los bueyes, vean los lomos completamente deformados. Ustedes sacuden la cabeza y dicen: "Muy triste". Pero hemos perdido el sentido de la ternura, esa sensibilidad, esa respuesta a las cosas de la belleza, y sólo en la renovación de esa sensibilidad podemos comprender qué es la verdadera relación. Esa sensibilidad no deviene colgando meramente unos cuantos cuadros en la pared, o pintando un árbol o poniéndose unas cuantas flores en el cabello; la sensibilidad surge solamente cuando desechamos esta perspectiva utilitaria. Eso no quiere decir que no podamos hacer uso de la tierra; pero debemos hacerlo según el uso a que está destinada. La tierra está ahí para ser amada, para ser cuidada, no para ser dividida como la tierra mía y la tierra de ustedes. Es tonto plantar un árbol en un cercado y llamarlo "mío". Únicamente cuando uno está libre del espíritu exclusivo, puede tener sensibilidad, no sólo hacia la naturaleza, sino hacia los seres humanos y hacia los retos incesantes de la vida.